EL SITIO OFICIAL
 
Uruguay 1930

La idea de organizar una Copa del Mundo nació el mismo día que se fundó la Federación Internacional del Fútbol Asociado (F.I.F.A.), el 21 de mayo de 1904 en París, Francia. El primer interesado fue Robert Guérin, representante del país galo, quién propuso que en los estatutos de la naciente federación se imponga un artículo, especificando la obligación de que todos las naciones afiliadas se midan en un torneo internacional cada cuatro años.

En 1905, el dirigente holandés Hirschman comienza a trabajar en la idea de celebrar el torneo, pero debido a que la F.I.F.A. no era una institución lo suficientemente sólida como para organizarlo en conjunto con el Comité Olímpico Internacional (C.O.I.) optaron por que el fútbol participe como una de las disciplinas a partir de 1906.
 
En 1919 se reúnen en Bruselas los máximos dirigentes del fútbol mundial para definir los últimos detalles de la organización de la primera Copa del Mundo, pero la convocatoria fracasa.

Un año después, en Amberes, la F.I.F.A., esta vez liderada por Jules Rimet reúne más adeptos para la causa del torneo, aprovechando la ocasión de los Juegos Olímpicos, donde el ganador de la medalla de oro en fútbol resulta ser el seleccionado belga, quien derrotó a su par de Checoslovaquia por dos tantos contra cero, los checos fueron descalificados por abandonar el campo de juego en señal de protesta por las erróneas decisiones arbitrales, la presea de plata fue para la selección de España.
Veintidós años más tarde de la propuesta de Guerín, tomó la posta otro francés, en ésta oportunidad se trató nada más ni nada menos del presidente de la propia F.I.F.A. (desde 1921), Jules Rimet, quién con el argumento de que el fútbol podía fortalecer los ideales de una paz permanente y verdadera, propuso organizar el primer torneo.
 
El diplomático uruguayo Enrique Buero, fue el encargado de convencer a Rimet de la importancia de realizar el torneo en Montevideo.

Los lineamientos generales de la competición se decidieron en tres Congresos de la F.I.F.A., en Barcelona, en Zurich y en Ginebra, mientras que la decisión final de organizar la Copa del Mundo de Fútbol se tomó en el Congreso de 1928 en Amsterdam; un año mas tarde en el congreso del 18 de mayo, en Barcelona se confirmaron los últimos detalles y la sede, además de redactarse y firmarse el documento fundacional de la Copa del Mundo, bajo la presidencia del Rey Alfonso XIII.


Uruguay ganó el derecho de organizar el primer mundial de fútbol porque contaba con el apoyo de los países sudamericanos, se cumplía el centenario de la independencia de la nación y por triunfar en los Juegos Olímpicos de París en 1924 (derrotando a Suiza en la final por tres a cero) y en los de Amsterdam en 1928, además Jules Rimet estaba interesado, luego de la primera guerra mundial, en sacar el centro de la atención de Europa.
Las otras posibles sedes eran Italia, Hungría, Holanda, España y Suecia. Al ver tambalear sus antiguos privilegios, los últimos cuatro países postulados se retiraron de la competición para ganar la organización y así sumar sus votos, reforzando la candidatura de Italia.
Pero el gran discurso del delegado argentino Adrián Béccar Varela, quién se pronunciaba a favor de Uruguay, hizo que Italia también retirara su candidatura.

Entonces fue cuando Jules Rimet obligó a un concurso de antecedentes del cual salió victorioso Uruguay gracias a sus dos medallas de oro en las olimpíadas.
Del congreso de 1929, una vez confirmada la sede, los otros cinco candidatos autopostulados se retiraron de aquella reunión y no sólo no participaron del primer campeonato de fútbol de la historia, sino que incluso boicotearon el mismo.


La participación en el primer mundial de la historia no fue por eliminatorias, sino por invitaciones, a pesar de todo, sólo doce naciones llegaron al puerto de Montevideo para disputar el primer campeonato.
Toda Europa estaba invitada, pero sólo cuatro países del viejo continente decidieron cruzar el ancho océano hasta aquel perdido punto en el mapa, incluso había pasado la fecha de inscripción, el 30 de abril de 1930 y ninguna selección europea se encontraba inscripta.
El argumento puesto por los seleccionados que no concurrieron fue que Uruguay estaba muy lejos "de todo", el pasaje salía muy caro y era mucho el tiempo que tardarían en realizar semejante excursión, también tildaron a la costa uruguaya como "tierras inaccesibles".
La caída de la Bolsa en Nueva York fue otra de las insólitas excusas europeas.
El entrenador del seleccionado español, José Maria Mateos, catalogó el viaje hasta Uruguay como "impracticable", debido al perjuicio económico que sufrirían los clubes al prestar a sus futbolistas y porque dichos jugadores se perderían los primeros partidos de la Liga de España.

El boicot europeo funcionó a pleno, a pesar de que Uruguay se había comprometido a solventar todos los gastos de estadía y desplazamiento. E incluso los dirigentes uruguayos se comprometieron a compensar económicamente a los clubes que cedieran a sus jugadores a la selección. Como para demostrar que no era falta de voluntad, algunas entidades europeas llegaron a solicitar 15.000 dólares por jugador, la negativa charrúa no se hizo esperar.

Un barco directo desde Francia trajo al que por entonces era presidente de la Federación Internacional del Fútbol Asociado (F.I.F.A.), Jules Rimet, con el trofeo en su valija, que sería entregado al equipo ganador, y el cual con el tiempo llevaría el nombre del dirigente francés.
La Copa Jules Rimet, creada en 1929, medía treinta y cinco centímetros de altura, pesaba cuatro kilos de oro macizo sobre una base de piedras semipreciosas (lapislázuli) y costo 50.000 francos franceses (14.540 dólares), el escultor fue el francés Abel Lafleur y la estatuilla representaba a la diosa de la victoria, con una mujer alada llevando hacia el cielo, en sus manos, sobre la cabeza, un vaso octogonal en forma de copa. En los cuatro cantos del zócalo había una placa de oro en la cual figuraba el nombre del trofeo y figurarian los nombres de las asociaciones ganadores de los campeonatos.

La selección de Francia también viajaba en dicho barco, de la que podemos decir que sus integrantes no querían concurrir, pero como Jules Rimet era francés, literalmente los obligó a embarcarce junto a él.
El propio Jules recuerda: "La misma Asociación Francesa, a pesar de mis oficiocidades, había decidido abstenerse de participar. La razón aludida fue la imposibilidad de reunir catorce o quince jugadores capaces de representar dignamente al fútbol francés".

En el mismo barco viajaba la selección de Bélgica y Rumania, de la cual el Rey Carol, luego de que Rimet debiera tomarse un tren de apuro hasta Bucarest para rogarle por la participación de la selección de su país, había elegido personalmente a sus integrantes e incluso costeaba todos los gastos del plantel de su propio bolsillo, quienes en su mayoría eran empleados de una firma petrolera inglesa, la cual debido a la no concurrencia del seleccionado británico por estar ofendidos ya que no los habían designado a ellos como sede, no les permitía dejar su trabajo para viajar al Mundial, "que renuncien a su cargo si quieren hacer deporte", habían anunciado sus directivos.

Hasta que intercedió el rey Carol de Rumania, entonces la petrolera no se pudo negar y les otorgó el permiso laboral necesario. Los quince futbolistas rumanos fueron elegidos personalmente por el Rey, como se lo había prometido a Don Jules, pero la selección de los deportistas fue..... al azar, ya que el Rey, de fútbol poco y nada.

El recorrido del transatlántico "Conde Verde" fue la siguiente: partió de Génova donde abordaron los futbolistas rumanos, con paradas en Villefranche-Sur-Mer, donde subieron los franceses, Barcelona, donde hicieron lo propio los belgas, Lisboa, Madeira, Canarias, Río de Janeiro, donde abordaron los brasileños, para finalizar su recorrido en Buenos Aires, Argentina.
La otra selección europea que asistió al torneo fue Yugoslavia que viajó a bordo del Florida, un pequeño barco de correos.

Curiosamente el sorteo para definir los diferentes grupos, fue realizado una vez que todos los países participantes desembarcaron a tierra uruguaya, el motivo fue tener la total seguridad que todos los conjuntos sorteados participarían del Mundial.


El sueño de Jules Rimet se hace realidad; es invierno en Montevideo y futbolistas de 13 naciones caminan por sus calles.
Los europeos se asombran de los autos Ford y Chevrolet que circulan por una ciudad que, para ellos, quedaba en el fin del mundo.
Juan Campisteguy, Presidente del Uruguay, los sorprende hablandoles en frances. 

Una vez echados por tierra los estereotipos y las sospechas, era hora de empezar a jugar la Copa.